Mi representante político

Se acercan posibles cambios en las reglas de la representación política. Las propuestas sobre la mesa incluyen un retorno a la bicameralidad y una redefinición de las principales circunscripciones electorales, que hoy son los departamentos rebautizados como regiones. Como paso previo a cualquier cambio, sugiero mirarnos en el espejo. Para definir al representante ideal, es necesario tener una idea precisa de la cara del representado, el peruano y el Perú del 2018. Más aun, debemos proyectar esa imagen a un par de décadas al menos, tratando de imaginar la vida, las necesidades, los sentimientos y las banderas del peruano del 2028 o del 2038, que con toda probabilidad seguirá gobernado por el perfil del político elegido que definimos hoy. Idealmente, tendríamos congresistas que, por sus propias vidas y por sus propias banderas, representan lo que hoy somos. El punto de partida para un cambio en las normas de la representación política, entonces, debe ser una foto actualizada del peruano actual.

 

Políticamente, somos un universo en explosión. Si hace un siglo éramos apenas tres millones de habitantes, hoy somos más de 30 millones. La proporción en edad de trabajar ha aumentado aún más, de apenas la mitad de la población a dos tercios. Un reflejo de esa explosión demográfica ha sido la multiplicación de las instancias y los niveles en la trama de la gobernanza. Pero la bandera de la libertad, el sueño que se expresa en el “somos libres” del himno nacional, no se limitaba a ser una nación independiente. Desde el inicio de la república, cada rincón del Perú ha venido reclamando y obteniendo mayores grados de libertad propia, como se constata en la multiplicación del número de departamentos, de los siete iniciales de la república a los 24 actuales. El hambre de identidad y de capacidad de autogobierno se ha traducido además en una explosión en el número de provincias y distritos, creándose en promedio una provincia y siete distritos nuevos cada año en el último medio siglo. Como si esa multiplicación no bastara, desde 1984 se viene expandiendo una nueva instancia de autogobierno, el municipio de centro poblado, que hoy suman 2.611 y sigue expandiéndose a gran velocidad. Finalmente, la instancia tradicional de autogobierno rural, la comunidad, no se ha quedado al margen de esta onda expansiva. También el número de comunidades ha venido creciendo a gran velocidad. En la provincia de Acobamba, en Huancavelica, por ejemplo, el número de comunidades se duplicó entre 1990 y el 2009, pasando de 31 a 64, un crecimiento que se repite en la gran mayoría de las provincias.

 

Si bien el afianzamiento de las instancias de gobierno regional y local podría ser interpretado como reflejo de un patrón de asentamiento y de creciente compromiso con la localidad propia, la verdad es exactamente contraria. Nunca se ha conocido tanto movimiento y dispersión geográfica de la población como la actual. Ese movimiento responde directamente a una enorme facilitación y abaratamiento de la comunicación y del transporte de personas y de bienes. En pocos años, el celular se ha vuelto universal, encontrándose incluso en una gran parte de las familias catalogadas como de extrema pobreza, facilitando la coordinación y aumentando la motivación para el movimiento. El resultado ha sido una fuerte expansión del radio de acción y de domicilio de cada familia, permitiendo la realización en paralelo de diversas actividades, de trabajo, educación y social, por parte de cada grupo familiar. Un indicador de esa tendencia ha sido el aumento en el número de viviendas desocupadas registradas por el censo del 2017, tratándose de lugares de uso temporal dentro de un patrón de trabajo y de residencia más complejo.

 

Esa nueva facilidad para el movimiento ha producido una expansión y diversificación de opciones económicas y sociales, especialmente para la población rural. Las provincias de Angaraes y Acobamba en Huancavelica, por ejemplo, antes condenadas por falta de medios de transporte a ser autosuficientes, hoy desarrollan un intenso tráfico de bienes y personas con diversos mercados en las regiones aledañas de Huamanga, Huanta, Huancayo, Ica y Lima. Esa expansión en el horizonte geográfico de la vida personal y económica se repite en todo el interior del país, y su probable efecto es una multiplicación y diversificación de ideas, reclamos y banderas políticas.

 

Publicado en El Comercio, 23 de Septiembre del 2018.

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