Raimondi al día

Richard Webb

– ¿Qué es la pobreza?

– Escasez, profesor. Es cuando falta.

– Bravo Jaimito. Y el Perú, ¿es pobre o rico?

– No sé profesor.

– ¿Cómo no vas a saber? Si todo el mundo lo sabe.

– Es que en mi casa falta todo, profesor. Pero en el país sobra todo.

 

La Cornucopia

 

Habría que actualizar el escudo nacional. Ya no es sólo oro lo que debe figurar en la boca de la cornucopia, aunque el metal sigue siendo emblemático de nuestra riqueza natural. Hoy, fluyen de esa cornucopia múltiples riquezas, unas naturales, otras fabricadas por el hombre. Nuestra abundancia se ha vuelto mega-diversa.

 

Contamos, por ejemplo, con la abundancia de la biodiversidad, que siempre existía pero que recién la descubrimos. Somos el cuarto país en el mundo con mayor biodiversidad. Se trata de un recurso cuyo valor crece a pasos agigantados a la par que desaparecen las especies biológicas en el globo, y que es fuente de productos nuevos y atractivo para el turismo. Lo mismo puede decirse de la riqueza histórica y arqueológica, riqueza que ha estado a la vista durante siglos pero que recién empezamos a valorar.

 

También abunda la riqueza producida por el hombre. Podría decirse que hemos invertido de sobra. En vehículos, por ejemplo. Sobran las combis, los taxis y los camiones. Ante tanto exceso y competencia, los camioneros consiguieron una tarifa mínima, conquista pírrica, por supuesto, porque al final el mercado manda. Sobran fábricas en casi todos los giros, notablemente las plantas de harina de pescado y las textileras. Sobran embarcaciones pesqueras. Tenemos cuatro AFPs, que parece poco pero que en la práctica son una redundancia, ya que todas hacen prácticamente lo mismo, lo que se traduce en altos costos de mercadeo y en altas comisiones. Sobran clínicas, y muchas andan semi-vacías; los establecimientos médicos hoy aplican técnicas de mercadeo. En el campo, las postas de salud compiten con las parteras rurales, y en las ciudades las clínicas de Essalud compiten con las privadas y las del Ministerio. Igual sucede con la industria educativa. Tenemos 80 universidades, y cientos de institutos superiores, y si bien la competencia genera mejoras, sobre todo en la formación profesional y técnica, también crea distorsiones en los fines humanistas y culturales de la educación. Sobran igualmente hoteles, grifos en cada esquina, y ni hablar de los vendedores de todo, ambulantes o asentados.

 

También sobra el capital humano, y en consecuencia exportamos médicos, enfermeras, ingenieros, economistas y otros profesionales en gran cantidad, ante el exceso en el mercado local. Y seguimos produciéndolos, cada año con mayor número de universidades.

 

Y sobra la infraestructura pública. En todo el país hay aulas sin profesor, y postas sin médico, y canales y otras obras de infraestructura, completas o incompletas, pero abandonadas. Evidentemente nos sobra la tierra irrigada en la Costa porque la venimos destruyendo a gran velocidad, por el exceso de irrigación y por la poca inversión en drenaje. Sobra el agua a tal punto que lo que se cobra por el recurso es mínimo, en muchos valles se dejan abiertos los canales de noche con un desperdicio ingente, y se siembran cultivos que exigen grandes cantidades de agua, como la caña y el arroz, que se podrían cultivar en la montaña pero, ¿para qué irse hasta la montaña si en la costa sobra tanta agua? Lo mismo sucede en las ciudades, donde evidentemente abunda el agua y consecuentemente se utiliza casi sin costo y sin controles.

 

Jaimito

 

¿Qué le decimos entonces a Jaimito? ¿Cómo se explica tanta riqueza y tanta pobreza a la vez?

 

Mi explicación es que, en medio de la abundancia, lamentablemente falta un detalle. No sabemos combinar.

 

Estamos como niños en una cocina repleta de alimentos y de artefactos, pero sin un cocinero. O como futbolistas habilísimos, pero sin un entrenador que nos enseñe a hacer equipo. O como un grupo de inversionistas acaudalados, pero sin un facilitador que nos enseñe a confiar y a cooperar. Nos falta simplemente adquirir una cultura donde la agresividad política, comercial y personal se matice con una mayor dosis de cooperación y compromiso con el país.

 

A pesar del exceso de facultades y de universidades, propongo crear una más. Una Facultad de Ingeniería Social.

 

Publicado en Caretas, 7 de abril 2004.

 

 

 

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