Navegando a ciegas

Richard Webb

Se pide una hoja de ruta para el país. Pero de poco servirá ese mapa si no mejoramos los instrumentos de navegación. Cristóbal Colón, aunque no sabía dónde quedaba la India, llegó a tierra porque medía su avance, dirección y ubicación con extrema precisión, usando un sextante y un reloj muy exacto. Hoy, en la era de la navegación espacial, no se admite un error de 0.00000000000001 por ciento en la dirección de vuelo. Pero, cuando se trata de dirigir el avance económico y social del país, o sea, de mejorar la condición humana de 27 millones de peruanos, usamos datos con errores gruesos y que muchas veces son meras adivinanzas.

 

Para empezar, no sabemos ni cuántos somos. El último Censo se ejecutó en 1993 y desde entonces venimos adivinando cuánto crece la población cada año y dónde se ubica y reubica. Un nuevo Censo debió ejecutarse el 2003, pero el gobierno no lo consideró prioritario.

 

Curiosa actitud si tenemos en cuenta que todo político nos dice que el principal tesoro del país es su gente. Pero, ¿por qué entonces contabilizamos al centavo los dólares que tenemos en las reservas internacionales del BCR, pero medimos tan vaga e imperfectamente el estado de la salud y del bienestar de las personas?

 

¿Cuántas veces hemos escuchado la afirmación de que el capital más importante del país es la educación, su “capital humano”? Si fuera así, ¿por qué la estadística educativa es tan vaga, atrasada y equivocada?

 

Y si realmente creemos en la descentralización, y que hay que respetar y tener en cuenta hasta el último peruano, deberíamos por lo menos saber en que parte del territorio reside. Pero el Perú es una nación de migrantes, y desde el Censo de 1993, es probable que millones de peruanos se han reubicado dentro del territorio nacional o hacia el extranjero. ¿Con qué exactitud y justicia se programarán las transferencias a una Región si no se conoce su población? ¿Con que seguridad podrá el nuevo gobierno regional planificar sus acciones para una población cuyo número y ubicación no conoce?

 

Quizás debemos aprender de los faraones de Egipto Antiguo quienes, hace 4000 años, censaban anualmente a su población.

 

Hace poco el gobierno publicó un cálculo del crecimiento económico en el 2003, cifra con dos decimales. La precisión es un autoengaño, porque las cifras de producción son en su mayor parte adivinanzas.

 

El arqueólogo ve montículos de adobe, pedacitos de cerámica, hueso y tela esparcidos por la tierra o en una excavación, y de esas evidencias reconstruye en su mente una ciudad entera. El trabajo de estimar la producción nacional actual, el famoso PBI con todos sus detalles, es muy parecido a lo que hace el arqueólogo. Aunque, para decir la verdad, los arqueólogos reconstruyen el pasado con más rigor científico que los estadísticos que nos reportan el estado de la economía y de la vida social de hoy.

 

Es hora de modernizarnos en cuanto a la estadística. Por lo menos, pongámonos al nivel de los faraones Egipcios.

 

Publicado en Caretas, 26 de febrero 2004.

 

 

 

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