Fantasmas

Richard Webb

Y taras en el debate económico. ¡Buenas noticias!

 

Ciertamente, el futuro está cargado de nubes. Pero algunas son imaginarias, como esas nubes que, mirándolas, de repente parecen gigantescos monstruos, fantasmas en el cielo.

 

A continuación, algunos fantasmas de la economía, problemas imaginados que recargan innecesariamente la ya preocupante lista de problemas reales.

 

Mucha importación. O sea, la exportación es buena pero la importación es mala.

 

Esta idea es como creer que con la pierna derecha se debe caminar para adelante y con la izquierda para atrás. El desarrollo exige una multiplicación de las exportaciones. Para doblar la producción nacional se requiere cuadruplicar la exportación. Pero, ¿qué haríamos entonces con tanto dólar? Ya, en este momento, sufrimos de un exceso de divisas. La única solución sería cuadruplicar también las importaciones.

 

¿Fin del mundo? ¿Una avalancha de importaciones que arrasarían con la producción nacional?

 

Para muchas empresas sí sería un golpe. Pero así crecen las economías. Los tigres asiáticos importan entre el 40 y 100 por ciento de su PBI. En el Perú la cifra es apenas 18 por ciento. Hay quienes creen que podemos desarrollarnos a espaldas del mundo, como una comunidad indígena de la selva. Lo quiso hacer Cuba, pero ya ni Fidel es tan ciego a la realidad del mundo moderno. Ni China, que desde 1990 aumenta sus importaciones a un promedio anual de 18 por ciento, igual que sus exportaciones.

 

El gobierno gasta en planilla en vez de obras.

 

Pero, ¿acaso la inversión más importante no es la educación? ¿Y la salud? ¿Y la creación de organizaciones de base? O sea, la creación de capital humano y social. Para esa inversión lo que falta no son ladrillos y cemento sino mejores profesores, médicos y promotores.

 

Ojo que muchas de las aulas y de las postas de salud que se construyeron en la década pasada están sin maestro o sin médico, y al país le sobran las plantas pesqueras, lecheras y de pasta de tomate construidas por el Estado y que casi nunca funcionaron. En Costa y Sierra hay costosísimas obras de irrigación que no sólo rinden poco sino que nadie se ocupa de evitar que las represas se llenen de sedimento o que las nuevas aguas destruyan buenas tierras. ¿No sería mejor que el Estado se limite a ser el gran regulador y proveedor de servicios básicos? Para eso se requiere un ejército de personas –ojalá capacitadas y serviciales- y sólo un mínimo de bienes de capital.

 

Ciertamente, hay obras que el Estado debe construir en las zonas más pobres del país, pero la mayor parte de la infraestructura estará mejor construida y mejor operada por concesionarios e inversionistas privados.

 

Lo que exportamos no tiene valor agregado.

 

Este fantasma nace de un error elemental. Las industrias con mayor valor agregado son la minería, la agricultura y el turismo. En cambio, la industria manufacturera es la que tiene menos.

 

Pero lo que interesa no es tanto el valor agregado sino el valor total. Las fábricas de maquila o de ensamblaje en el norte de Méjico, por ejemplo, multiplicaron cien veces la exportación de ese país, a pesar de que cada fabrica tenía un valor agregado mínimo.

 

La minería peruana tiene la doble ventaja de un alto valor agregado, porque usa pocos insumos de otras empresas, y un alto valor total. La producción de espárragos tiene altísimo valor agregado, y si continúa su expansión actual, pronto alcanzará también un muy alto valor total. Hay varios motivos para expandir la exportación de manufacturas, pero sería a pesar de tener un bajo valor agregado relativo a otros sectores.

 

Sólo estamos creando empleo en los servicios.

 

Como si trabajar en los servicios fuera un empleo inferior. Personalmente, agradezco no tener que trabajar con el hombro y con la espalda, que es la condena de ser agricultor o peón minero o de construcción. También no ser esclavo de una línea de ensamblaje en una fábrica, de pie durante ocho o doce horas seguidas, sufriendo un calor y ruido infernal, sin poder pestañear porque se podría pasar una pieza defectuosa o porque la máquina podría llevarse mi brazo.

 

Los servicios abarcan un mundo variado. Hay empleos desagradables y otros fascinantes, algunos de poca y otros de mucha paga. Pero como regla general, el que trabaja en los servicios trabaja menos con la espalda o las manos y más con la cabeza, el ingenio, la personalidad, y hasta la pinta; trátese de un vendedor ambulante, un vendedor de tienda, un reparador de aparatos, una enfermera, un policía, o un profesor. Más aún, muchos empleos en los servicios tienen la ventaja de la flexibilidad de horario y de lugar de trabajo.

 

Publicado en Caretas, 12 de febrero 2004.

 

 

 

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